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¿Qué le ha pasado a mi marca personal?

  • Foto del escritor: rbkcanal
    rbkcanal
  • 22 feb 2017
  • 4 Min. de lectura

¡Hola!

Si nunca habías pasado por (v) antes, mi nombre es Rebeca y te aviso de entrada que hablo/escribo muchísimo.

Si seguías el blog de la antigua página web, hola de nuevo y mil gracias por volver. Pero tengo que decirte que nada es como era, que todo ha cambiado por aquí. Para bien, claro.

Desde que empecé esta aventura en noviembre de 2015 han pasado muchísimas cosas en mi vida que han afectado directa e indirectamente a este proyecto. Pero quizás la más importante sucedió estas navidades, cuando le dije a mis amigos y a mi familia “puf. se acabó. ya no puedo más”.

Voy a hacer un poco de memoria y así, si eres nueva o nuevo, te pongo en antecedentes.

La idea de crear un servicio que ayudase a las personas a encontrar un trabajo que les hiciese verdaderamente felices me llevaba rondando la cabeza algún tiempo de una manera muy indefinida. Siempre me ha interesado mucho el mundo empresarial pero a un nivel más profundo y humano, desde un punto de vista psicológico y filosófico. Por aquel entonces yo trabajaba como diseñadora gráfica y en mis ratos libres creaba currículums para mis amigas y amigos. Más adelante, en 2015, cuando trabajaba en una tienda de ropa [sí, he cambiado de trabajo muchas veces porque no conseguía encajar en ninguno] una mañana me fijé que el CV de mi jefe estaba en el escritorio del ordenador de caja. Abrí el documento y cuál fue mi sorpresa al ver que no solo había copiado tal cual el diseño del que había entregado yo meses antes, sino que además había utilizado exactamente las mismas frases para presentarse.

¿Uy eh? Ese hecho insignificante fue la gota que colmó el vaso (el vaso ya estaba lleno lleno). Y a las pocas semanas dejé el uniforme sobre el mostrador, me fui a mi casa, encendí el ordenador y registré el dominio www.curriculumuve.com

No tenía ni la más remota idea de negocios online así que empecé a leer, a ver tutoriales, a seguir a los gurús del momento, a llenarme la cabecita de consejos, fórmulas, KPI’s y demás palabros. La cosa, mágicamente, funcionó y a las semanas de lanzar la web, ya tenía clientes de diferentes partes del mundo. En unos pocos meses me convertí en lo que siempre había odiado: una máquina de diseñar. Sin quererlo, había creado un monstruo.

Ignoré mi malestar y seguí, seguí y seguí. ¿Se supone que eso era lo correcto no? Clientes=dinero=felicidad. Esa es la fórmula que venden todos. “¿Quieres más ingresos en tu negocio? Haz esto, esto y esto". “¿Quieres hacer que tu negocio sea escalable?” Haz esto, esto y esto otro". Bien, pues a mí la escalabilidad me estaba agobiando y haciendo profundamente infeliz. Tanto, que estas navidades cerré la web, hice una copia de seguridad de todos los archivos en un disco duro y lo escondí al fondo de mi armario. Se acabó, pensé, hasta aquí hemos llegado.

Entonces, cuando me quedé en silencio, sucedió algo maravilloso. Dejé de escuchar a todas esas personas que me daban consejos y empecé a escuchar a quien tenía que escuchar en realidad: a mí misma. A preguntarme qué quería de verdad, qué me hacía feliz a mí, cuales eran mis prioridades y mis valores. Y me di cuenta que tener muchísimos clientes y no poder dedicarles el tiempo necesario y simplemente ejecutar diseños para ellos, no era lo que me hacía feliz. Que yo lo que quería era otra cosa totalmente diferente. Quería escuchar a las personas, hablar con ellas, conocer sus historias para poder investigar juntas los caminos hacia una vida laboral sana y tranquila. Quería escribir (porque me encanta escribir) y comunicar mi visión del mundo, mis opiniones acerca del mercado laboral y las empresas y no artículos del montón del estilo “5 razones por las que…” Me di cuenta de que lo que en realidad quería era investigar y explorar este nuevo contexto en el que nos ha tocado vivir y comunicarlo de una manera clara y sencilla.

Nunca me han gustado los negocios impersonales, yo los llamo “negocios sin alma”. Negocios en los que no sabes si estás hablando con un humano o con una máquina. Esas páginas webs con fotos de banco de imágenes que no aportan cercanía, calor, humanidad. Y, sin quererlo, yo me había convertido en uno de ellas.

Así que, estas navidades, como última bala (porque sí, siempre queda una bala en la recámara) aposté all-in a por mi marca personal.

Me deshice del miedo al qué dirán.

Callé mis inseguridades con colores brillantes y música ligera.

Cambié el “nosotros” por el “yo”

Empecé a escribir de lo que quería escribir (sin límite de extensión) y no de lo que se supone que debía escribir.

Borré la web corporativa e hice una nueva personal.

Empecé, en definitiva, a creer en mi marca personal.

A creer en mí.

Y, cuando empiezas a hacer lo que quieres hacer, lo que de verdad de verdad te da la real gana de hacer, tu vida gira 180º. Todo se vuelve mucho más sencillo y lógico. Todo empieza a encajar, a alinearse.

Y ahora sí: he venido para quedarme.

 
 
 

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