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No trago a mi jefe, ¿qué hago?

  • Foto del escritor: rbkcanal
    rbkcanal
  • 21 mar 2018
  • 6 Min. de lectura

*Aviso: esto es un texto inclusivo.

Donde leas jefe, también podría ser jefa y viceversa :)

Otra opción de título más comercial / clickbait:

6 motivos por los que tu jefe es un cabrón y qué hacer al respecto.

Existe una especie de mito maldito que envuelve a la palabra “jefe” y “jefa”. Desde el imaginario infantil, nos pintan a nuestros superiores como esas personas viles y despiadadas que han venido a hacernos la vida (laboral) imposible y a ponernos zancadillas allá por donde intentemos pisar. Nos han grabado esa imagen tan a fuego que no me resulta para nada extraño cuando escucho la frase “Dios. Es que no trago a mi jefe”. En la cola del súper, en la mesa de al lado en una cafetería, en un grupo de WhatsApp. En todas partes.


Mira, yo he tenido hasta la fecha 6 jefes y jefas, incluyéndome a mí misma (la más vil y despiadada del mundo mundial, he de decir). Y con todos, absolutamente todos, he tenido gresca. Sí, así como lo lees. Con todos he tenido roces, discusiones, malos entendidos y ganas de hacer un muñeco vudú con su cara para clavarle agujas al llegar de la oficina. A todos los he maldecido entre dientes. A todos los he criticado y juzgado a la hora del café. Pobres criaturas, las puse de vuelta y media, reflexiono ahora.


Que sí, que sí, puede que estés pensando “pero esta tía está como una maldita regadera. A ver niña, que mi jefa está loca de atar y me hace la vida imposible. Es una enferma. No me vengas con tus blogs chorras”. Eh. Calma. No estoy tratando de decir lo contrario. Estoy tratando de que intentes elevarte por encima de la locura de tu jefa y que puedas ver más allá. Por tu bien y por el de tu equipo. Estoy intentando que seas más lista que ella. Inmune a sus chaladuras.


Un jefe sereno es un jefe que sabe lo que hace, que confía en sí mismo y que tiene la suficiente humildad para reconocer ante su equipo cuando alguna función se le está yendo de las manos y necesita ayuda. Un jefe sereno siente pasión por su trabajo y es plenamente consciente de que si la relación con su equipo es sana y fluida, los objetivos de la empresa se cumplirán con muchísima más facilidad. Un jefe sereno es lo que hoy en día se conoce como líder.


Sin embargo, los gritos, las malas palabras, las faltas de respeto o el ambiente tirante en un equipo son claros síntomas de que hay algo dentro de la cabeza de tu jefe que no está yendo del todo bien.


Pero, ¿qué 7 motivos pueden conducir a tu jefe a actuar como un basilisco (por no utilizar al macho de la cabra)? ¿Cómo puedes tú, como empleada/o ayudarle a él y por consiguiente a tu equipo y a ti mismo?

¡Vamos allá!

1. Tu jefe sabe que se está oxidando (no tiene ni P* idea de lo que hace)

Te tiene miedo a ti porque estás mejor preparado que él.

Un clásico.

La transformación digital, los avances tecnológicos o la alta velocidad a la que mutan los mercados hoy en día son factores que dejan desactualizado hasta al más preparado de los jefes. Pero en este caso estoy hablando del típico jefe de antaño. Ese que siempre ha tenido todo bajo control, a ese que le encanta la frase de “aquí las cosas siempre se han hecho así y punto”.

Estos jefes son conscientes de que se están quedando obsoletos. Lo saben cuando se levantan por la mañana para ir a trabajar, pero actúan con prepotencia y altivez para tratar de esconder esta inseguridad. Saben que lo que llevan haciendo toda la vida en piloto automático ya no da los mismos resultados. Saben que algo está fallando. Aún encima, ven cómo nuevas hordas de chiquillas y chiquillos digitales son contratados por RRHH para trastear en los ordenadores de la oficina y hablar en idiomas raros como SEO, Social media o SEM.

Este tipo de jefe no quiere ver la realidad aplastante que se le viene encima. Se ve amenazado por empleados que le sobrepasan en conocimientos y en vez de darse cuenta de la enorme suerte que tiene al contar con nuevos talentos en su equipo, siente que pierde su hegemonía. Entra en cólera. Y entonces empieza la guerra.


¿qué puedes hacer?

  • En primer lugar, déjale claro que tu misión es ayudar al equipo (y a él) a avanzar. Que no es tu objetivo escalar en el departamento y convertirte en jefe. Bueno, aunque lo sea, tú no se lo digas ;)​

  • Interésate mucho por el pasado de la empresa. Hazle entender que si unís su amplia experiencia y tus conocimiento fresquísimos, podéis hacer un muy buen equipo.​

  • Trata de explicarle, en la medida de lo posible y resumidamente, las cosas que haces y los resultados que obtienes. No vayas por libre, mantenlo informado y hazlo sentir partícipe del proceso.​

  • Ten cuidado con lo que le consultas porque puede que no sepa de lo que estás hablando. Entonces se bloqueará porque pensará que no está a la altura y te soltará cuatro gritos. Trata de resolver tus dudas técnicas por tu cuenta.​

  • Intenta formar una piña con todo el equipo y en vez de quedar para criticar vuestro jefe, tratad de hacer reuniones con él. Que se sienta arropado y querido por su gente. No amenazado. ​

  • Empatiza. No tengas una actitud hostil hacia esta persona. Sé que esto es difícil cuando te toca aguantar gritos y tensiones durante toda la jornada laboral. Pero piensa en el mítico compañero de clase que se pasaba el recreo temblando porque no se había estudiado la lección y había examen, ¿te reirías de él? ​Pues ese es tu jefe.


2. Tu jefe es un novato

Te tiene miedo a no estar a la altura

Caso opuesto.

Tu jefe es un pimpín que acaba de salir de un master. Llega con aires subiditos al departamento y empieza a dar órdenes de manual. En este caso, esta persona tiene miedo de no estar a la altura y de no ser capaz de manejar un puesto con tanta responsabilidad. Esconde sus inseguridades a golpe de sobradez. Imagina si aún encima el pobre llega su primer día y ve a un aquelarre de arpías que le miran con cara de “¿ah sí? Este viene de chulito a decirnos ahora cómo hay que hacer las cosas” “Se va a enterar el pipiolo este”.


¿qué puedes hacer?

  • En primer lugar, ten un poquito de compasión y deja tiempo a que la persona se adapte a su nuevo puesto. No esperes que en la primera semana el departamento esté ya sobrepasando los objetivos y tirando la casa por la ventana. Paciencia.

  • Trata de ofrecer la mayor información posible a tu nuevo jefe. No solo técnica sino también insights sobre la empresa: quién es quién, cómo son los roles en la empresa, las manías del CEO, en dónde se toma el mejor café y esas cosas humanas.​

  • la voz de la experiencia. Hazle entender que quizás tú no estés tan sobradamente preparado por manuales de Harvard como él pero que tu larga experiencia te ayuda a poder tomar decisiones mucho más rápido. Dile que estarás ahí para ayudarle.​ Pero díselo de verdad, sintiéndolo.

  • Ten la mente abierta. Seguramente esta persona fue contratada con el objetivo de dar un lavado de cara al departamento.Eso significa que va a haber cambios. REPITO: CAM-BIOS. No te cierres en banda. Los cambios se hacen para beneficiar al conjunto de la empresa a la que perteneces. No vayas de individualista y no te quejes porque te cambian el programa del ordenador por uno más potente y rápido y ¡oh dios mío llevabas 7 años usándolo y ahora vas a tener que aprender uno nuevo!

Leches.

Me está quedando un post infinito.

Y todavía me quedan 5 motivos más.

Es que me pongo a escribir y cuando miro el contador de palabras me quedo loca.

Lo dejamos aquí hasta la semana que viene, ¿vale?

P.D: seguro que en estos días te da tiempo a observar bien a tu jefe y sacar conclusiones antes de soltar un "Dios. Es que no trago a mi jefe" ;)

R.


 
 
 

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